16/8/09

Extracto de entrevista a Silvio Rodriguez

"Yo creo que el comunismo es una aspiración, el deseo de construir un mundo mejor. No sé si para todos, aunque sí para las mayorías que han llevado el peso de las sociedades"


Entrevista completa en http://www.45-rpm.net/?p=161#more-161

Usted debe generar mucho dinero por sus discos, sus conciertos, sus giras. ¿Cuánto de ese dinero es para usted y cuánto es para el Estado? ¿Usted está conforme con eso?
Yo empecé sin siquiera saber que se podía ganar dinero en un concierto. Me inscribí en la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) porque me dijeron que las recaudaciones que no se cobraban se repartían entre los autores más beneficiados y no entre los más pobres.
Los 80 fueron mis años de mayor auge nacional e internacional. El concierto que mejor me pagaron por entonces fue el que hice en Chile con Irakere, en 1990. Fueron 90 mil dólares. Al Estadio Nacional no le cabía un alpiste. Por los derechos para la televisión, según me informaron, nos dieron 56 mil dólares. En total era una cantidad de dinero que ni en sueños habíamos visto (más tarde comprendimos que hubiéramos podido cobrar más).
Contentos como estábamos, Chucho Valdés y yo decidimos destinar todo aquello para la construcción de estudios de grabación, que hacían mucha falta en Cuba. Desde entonces cada vez que llego a los estudios Abdala, digo para mis adentros: gracias, Chile.
Universalmente la música popular es un negocio sobredimensionado. Si lo que haces gusta puedes llegar a ganar mucho, aun si eres un músico no mimado por las transnacionales, como ha sido mi caso. Por otra parte desde hace años apenas hago giras comerciales; incluso hace tres que no saco un disco. A pesar de lo que algunos puedan imaginar, nunca he vendido muchos discos o no sé si será mejor decir que nunca he recibido grandes liquidaciones.

Contentos como estábamos, Chucho Valdés y yo decidimos destinar todo aquello para la construcción de estudios de grabación, que hacían mucha falta en Cuba. Desde entonces cada vez que llego a los estudios Abdala, digo para mis adentros: gracias, Chile.
Universalmente la música popular es un negocio sobredimensionado. Si lo que haces gusta puedes llegar a ganar mucho, aun si eres un músico no mimado por las transnacionales, como ha sido mi caso. Por otra parte desde hace años apenas hago giras comerciales; incluso hace tres que no saco un disco. A pesar de lo que algunos puedan imaginar, nunca he vendido muchos discos o no sé si será mejor decir que nunca he recibido grandes liquidaciones.
- ¿Cuál es el límite entre habilitar una mayor iniciativa privada y correr el riesgo de volver a una sociedad desigual e injusta?
- Esa pregunta es para Dios. Algunos socialismos se pudrieron buscando justamente esa frontera. Yo creo que la perspectiva que no se puede perder es que el Gobierno esté siempre junto a los más necesitados.

- ¿Cómo está la economía cubana actualmente, luego del período especial? ¿Qué cosas aún faltan?
- Ha mejorado el transporte público (al menos en La Habana), los apagones casi no ocurren, hay más canales de televisión; pero los tres ciclones seguidos del año pasado nos hicieron mucho daño, no sé si demasiado. Creo que ese golpe retardó algunos progresos, posiblemente incluso cambios. Puede que arrastremos ese agravamiento durante un tiempo más.
- ¿Cómo se imagina Cuba después de Fidel, de Raúl, de los hombres y mujeres que hicieron la Revolución? ¿Cómo se imagina la Revolución cuando esté en manos de quienes no habían nacido cuando se hizo la Revolución?
- Si para entonces continúa el bloqueo, tengo confianza en la sabiduría del pueblo cubano y en la dignidad de los más jóvenes.
- Recientemente, Pablo Milanés, con quien usted ha compartido la formación de la Nueva Trova, hizo algunas críticas muy duras al gobierno cubano. ¿Qué opina sobre lo que dijo?
- Opino que la vida es breve y que ¿cómo no vamos a ejercer el derecho a decir lo que pensamos?

- Usted fue invitado dos veces a actuar en la Argentina por el gobierno de Kirchner, la última vez, durante la cumbre en la que estaba presente ex el presidente norteamericano George Bush. ¿Hubo un cambio en la relación entre Argentina y Cuba con los Kirchner?
- Sólo la primera vez fui invitado por Kirchner, para un aniversario de la independencia. Lo de Mar del Plata (que fue un acto de pésimas condiciones técnicas para los artistas) fue una cita importante pero no oficial. Ignoro las interioridades de las altas esferas, pero es obvio que los dos últimos gobiernos argentinos tienen buena comunicación con el cubano.

- ¿Cómo conoció a Fidel?
- Oí hablar de él por primera vez en 1953, cuando asaltó el cuartel Moncada al frente de otros jóvenes. Lo conocí personalmente en 1984, a mi regreso del primer viaje que hicimos a la Argentina. Estela Bravo estaba allá por otras razones y filmó de paso un material que impactó mucho en Cuba. Tristán Bauer era el camarógrafo.

- Más allá del político, el militar, ¿cómo describiría a Fidel como persona, como amigo (usted alguna vez ha dicho que ve a Fidel, inclusive, como un padre)? ¿Cómo es la persona detrás del personaje?
- Fidel es un hombre muy cordial, aunque a mí siempre me ha impresionado. Por eso he sido parco en su presencia. La última vez que lo vi, hace años en el onomástico de un amigo, me tocó la frente y me dijo: “Cuánto me gustaría saber lo que pasa por ahí dentro”. De más está decir que semejante expresión no me soltó la lengua. Y es que yo siempre he visto a Fidel como la figura histórica que es. En las pocas ocasiones que hemos estado cerca no he logrado obviar su trascendencia. Puede que por eso me lo haya perdido un tanto.

- ¿Cuándo se dio cuenta de que la música y la poesía iban a estar en el centro de su vida? ¿Recuerda alguna situación que le hizo pensar: yo voy a ser trovador, cantante, músico, poeta?
- En mi adolescencia me interesaba ser dibujante de historietas y llegué a trabajar en algunas publicaciones importantes. Parecía que iba a seguir ese camino. Fueron mis amigos y mi familia quienes me hicieron ver que lo que componía podía interesar. Yo tenía dudas al respecto; pensaba que quizá eran más ilusiones que otra cosa. Pero mis oyentes se fueron ampliando y todo fue apuntando en la dirección de mis sueños. Un buen día, cuando faltaba poco para salir del servicio militar, conocí a Mario Romeu, un gran músico cubano que me llevó ante las cámaras de la televisión.

- ¿Qué quería ser de grande cuando era chico?
- Quería ser astrónomo y también cosmonauta.

- ¿Recuerda cuál fue la primera canción que compuso, la primera guitarra que tuvo en sus manos?
- Mi primera canción fue a capela y se llamaba El rock de los fantasmas. La primera guitarra que tuve entre manos fue la de Lázaro Fundora, un compañero de trabajo de cuando yo tenía 15 años.

- ¿Qué otros músicos cree que más influyeron en su formación y estilo?
- Mi familia materna es musical, cantadora de la trova tradicional. Esa música la estuve oyendo desde la cuna, sin saber que eran canciones de Sindo Garay, Manuel Corona y Miguel Matamoros. En los años 50 el fenómeno Elvis Presley sonó mucho en La Habana, aunque creo que me gustaban más las baladas que cantaba Johnny Mathis. Por entonces, tanto en Cuba como en Latinoamérica, hubo un auge de melodías y ritmos de corte estadounidense.

De mi adolescencia recuerdo a un grupo nacional llamado Los Astros de Raúl Gómez, músico a quien años después conocí. Había otros artistas de cierta línea juvenil: El Cuarteto de Meme Solís, Danny Puga, Luisito Bravo. Desde Argentina nos cantaban Los Cinco Latinos. De Europa mi preferido era Charles Aznavour. Pero creo que la música que más me ha influido es la que se suele llamar de conciertos, o clásica, la música orquestal. Desde niño es lo que más escucho.
- ¿Por qué siempre usa el término trovador, en vez de músico o cantante? ¿Qué significado especial tiene, para usted, ser un trovador?
- Trova es la música cantada que primero me llegó, hecha por los autores más afines a la manera de entender la canción que yo tuve, que no descuidaba lo literario. También preferí llamarme así por una razón de clase, por identificación solidaria: en la década del 60, cuando me estrenaba en el mundo musical, los trovadores eran los músicos más devotos de la canción cubana y también los peor pagados.

- 40 años después, ¿hay una nueva trova joven en Cuba? ¿A qué músicos cubanos de la última generación escucha?
- La última generación de trovadores cubanos no la tengo clara. Cada vez que averiguo descubro gente nueva y valiosa. El Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, que dirige Víctor Casaus en la Habana Vieja, les ha dado un patio donde cantar y les ha grabado sus conciertos. Su colección de discos A Guitarra Limpia es un documento imprescindible para saber cómo piensa y canta la trova cubana desde fines de los 90 hasta el día de hoy.

- ¿Y de otros países?
- Hay una familia de afinidad cancionística en todo el mundo, especialmente cercana en Latinoamérica. Algunos le llaman canción de autor. Siempre he dicho que me siento tan seguidor de Yupanqui y de Violeta Parra como de mi coterráneo Sindo Garay.

- ¿Escucha a Celia Cruz?
- No hay cubano con sentido del oído que no la haya escuchado con admiración.

- ¿Cree que ella lo escuchaba a usted?
- No lo sé, aunque tengo noticias de que supo que existía.

- Si no me equivoco, usted siempre ha escrito las letras y la música de todas sus canciones. ¿Pensó alguna vez en musicalizar a poetas cubanos como Martí o Guillén?
- Mejor que Sara González, Amaury Pérez o Pablo Milanés, difícil que pueda.

- Usted le escribió varias canciones al Che. Si tuviera que elegir una, ¿cuál sería?
- La primera que le hice: La era está pariendo un corazón.

- En El reino de todavía, usted canta que nadie sabe qué cosa es el comunismo, ¿por qué lo escribió? ¿Qué significado tiene, para usted, el comunismo?
- Yo creo que el comunismo es una aspiración, el deseo de construir un mundo mejor. No sé si para todos, aunque sí para las mayorías que han llevado el peso de las sociedades. Supongo que una vez conseguido el paraíso habrá que rehacerlo, porque –por culpa de lo circunstancial de nuestras acciones o de la inconformidad de la naturaleza humana– la vida suele tirar hacia delante.

- ¿Está grabando un nuevo disco? ¿Podría hablarnos un poco de sus temas?
- Se llama Segunda cita. Lo concebí para trío acústico. Por eso participan tres magníficos jazzistas: Roberto Carcassés en el piano, Feliciano Arango en el contrabajo y Oliver Valdés en la batería. Niurka González aporta flauta y clarinete. También invitamos a algunos metales y el tema titular lleva cuerdas. Hay una Carta a Violeta Parra, una canción inspirada en un cuento que me hizo García Márquez y otra dedicada a Charles Lloyd. En esta última toca el saxofón José Carlos Acosta, que hace un solo breve pero impresionante. Varios textos tienen que ver con las inquietudes de la Cuba actual.

En principio incluí una canción basada en un bello poema de Víctor Heredia, pero el tema me dio la idea para un trabajo con otros autores y me lo estoy guardando como punto de partida para eso.
- Usted comenzó a participar en la militancia política con apenas 14 ó 15 años, en las milicias, la Juventud Rebelde, las campañas de alfabetización… ¿Cómo fue esa experiencia y en qué medida cree que lo marcó para el resto de su trayectoria de vida?
- Hacerme hombre en las circunstancias extraordinarias de la revolución cubana sin dudas fue una gran oportunidad para tener una juventud interesante. ¿En qué otro lugar hubiera podido ser parte de una generación que postergó sus estudios para lanzarse a alfabetizar en las regiones más apartadas? El tiempo que pasé con los pescadores de la Flota Cubana de Pesca y las dos veces que fui a Angola durante la guerra fueron también experiencias muy especiales para mí.

- Usted es identificado en el mundo como el músico de la revolución, ¿eso puede ser a veces una carga? Pienso en esta misma entrevista, donde estoy preguntándole tantas cosas de política como de música y quizás usted quiera hablar más de música y menos de política…
- Es una carga si me asalta la vanidad y me dejo picar por el bicho pequeñoburgués de creerme más allá de todo, con mi ego batido por el viento. Pero la mayoría de las veces no, y aunque me duela asumo que mi karma es la interrogación política. Hace unos días le decía a un amigo que a veces el trovador que he sido siente celos del entrevistado que seré. Quizá por eso ahora compongo menos.

- Al final, ¿cuál es la historia de la canción del Unicornio Azul?
- Fue un tema para guitarra que se me ocurrió. Lo tocaba de arriba abajo, pero no le encontraba las palabras. Pasaron semanas y me fue entrando una sensación de pérdida. Llegué a convencerme de que nunca más haría una canción. Al cabo de meses de sequía, de pronto me senté y escribí de un tirón toda la letra. Vaya misterio.

- En mi artículo sobre la revolución cubana y los gays, critiqué la política discriminatoria de persecución contra los homosexuales que hubo en los primeros años de la Revolución. ¿Por qué cree usted que todas esas atrocidades fueron posibles en los inicios de una revolución que se proponía, justamente, acabar con la opresión?
- Por ignorancia, por machismo, por oscuros prejuicios heredados. Es más fácil cambiar un sistema político que la cultura ancestral de un país. Tiene que ocurrir mucha educación humanística; tienen que sucederse generaciones para que tanta mugre incrustada vaya perdiendo fuerza y se diluya. Con el asunto racial sucede parecido.
- Recientemente, el parlamento cubano aprobó una ley que reconoce el derecho a
la identidad de las personas transexuales y, a partir del trabajo de Mariela Castro, existe un proyecto para legalizar el matrimonio gay. ¿Qué opina usted sobre esa propuesta?
- Me parece correcta, me parece que hace justicia.
- Usted que ha dedicado tantas canciones a tantas causas justas, ¿escribiría una para los gays y lesbianas que luchan en todo el mundo por la igualdad de derechos y contra la discriminación?
- Quizá algún día lo consiga. Y lo digo porque ya escribí dos canciones sobre la homosexualidad, pero no quedé conforme con ninguna de ellas. También compuse El sol no da de beber, que aunque no tuvo precisamente esa motivación ha sido interpretada por ahí. Sabiendo eso, en ocasiones la he presentado con cierta ambigüedad. Creo que no la traiciono porque la provocó un amor que, como el drama de algunos homosexuales, tenía que esconderse para sentirse realizado.